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Los fundamentos de la teoría de la endobiogenia en medicina

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Propuesta por el doctor Christian Duraffourd y aplicada en los trabajos llevados a cabo en común con el doctor Jean Claude Lapraz a lo largo de numerosos años de ejercicio de la medicina, tanto a nivel privado como hospitalario así como dentro de un cuadro humanitario, esta teoría ha dado lugar a investigaciones fundamentales y aplicadas, así como a publicaciones.

Las bases de la endobiogenia reposan sobre una definición y una comprensión novedosa de la noción de terreno en medicina. El hacer explícita esta noción – a menudo imprecisa, tanto en el medio médico como en el público en general – se impone sobre todo cuando la mayoría de las investigaciones médicas se orientan hoy en día hacia una personalización de los tratamientos (terapéuticas específicas y dirigidas). Esta personalización pone de relieve el hecho de que cada individuo posee un terreno que le es propio (identificación de cada uno como ser único, realidad ineludible cada vez más evidenciada por la investigación genética fundamental y la genómica funcional).

La endobiogenia parte del postulado que el equilibrio global y armonioso del organismo humano, tanto en lo concerniente al mantenimiento de su estructura como de sus capacidades de adaptación y reparación, no puede concebirse si no existe un sistema dinámico de integración capaz de asegurar a cada instante, y al nivel que sea, la gestión de cada una de sus partes así como sus interrelaciones, y de regirse también a sí mismo.
El único sistema conocido en la actualidad que responde a las exigencias de una verdadera capacidad de integración, así como que puede asegurar la gestión de una estructura viva compleja como el cuerpo humano, es el sistema hormonal.

Dicho esto entonces, la teoría endobiogénica propone una definición novedosa de la noción de terreno fundada en una comprensión del funcionamiento del ser vivo según el estudio de mecanismos endocrinos específicos que, asegurando la gestión harmoniosa de todos los eventos metabólicos del organismo humano (expresión funcional del potencial genético, organización estructural, crecimiento, reparación, adaptación, inmunidad, funciones orgánicas y emuntoriales, conciencia, etc.) permite asegurar el mantenimiento de la salud propia a cada uno.

Es por esto, tanto para abordar el hombre sano como para comprender al hombre enfermo, que ya no es posible continuar desatendiendo el estudio del terreno y limitarse a estudiar solamente la enfermedad. Como existen tantas variedades de terrenos y tantas maneras de reaccionar y reequilibrarse en caso de agresión, como individuos existen, la personalización específica de todo tratamiento es entonces obligatoria, corolario ineludible de los principios mismos que son la base del funcionamiento del ser vivo.

La estrategia terapéutica que se deriva del abordaje endobiogénico no podrá así limitarse a la aplicación para todos por igual de tratamientos estandarizados, de los cuales sus limitaciones y peligros aparecen cada vez más, cuando el conjunto de la ciencia actual demuestra que cada ser es único, y que “su” enfermedad requiere de un tratamiento que por este hecho le debe ser adaptado de manera específica.


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