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La medicina integrativa

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Existe actualmente, a escala global, una corriente que se desarrolla rápidamente a favor de la medicina llamada integrativa. Iniciada en EEUU, presenta como integrativo el recurrir a diversas concepciones y medios de tratamientos llamados alternativos, o complementarios, prescritos simultáneamente y en paralelo a los métodos oficiales de abordaje y tratamiento de los pacientes.

La integración, ¡sí ! Pero ¿cuál integración ?

El análisis de los diversos componentes de esta corriente deja aparecer graves lagunas frente a las exigencias metodológicas que requiere la integración cuando la finalidad de ésta es prescrita al ser humano.

Tal como se desarrolla, se revela generadora de grandes errores y confusiones en el abordaje al ser vivo, consecuencia insoslayable de una mala comprensión de lo que es realmente la integración. La noción de integración en medicina no puede basarse sino es en una concepción ilustrada del funcionamiento fisiológico del ser vivo que explique en qué y de qué manera los diversos sistemas que constituyen el cuerpo humano están ligados y coordinados entre ellos para permitir el mantenimiento de la vida, y cómo el ser vivo rige sus relaciones con su ambiente, sea cual sea la naturaleza de éste último.

Ahora bien, la corriente “integrativa” que se desarrolla actualmente en medicina consiste en realidad en hacer amalgamas, en limitarse a considerar como integrativa la instauración de un conjunto de elementos uno al lado de otro que no son ni situados ni interpretados dentro del marco de una reflexión general verdaderamente sintética y dinámica.

El abordaje médico específico que nosotros proponemos – la endobiogenia – se encuentra aplicada a responder a criterios científicos de integración mientras se enfoca a comprender la complejidad, y de integrar el conjunto de los sistemas dentro de una visión coherente de la globalidad basada en datos de ciencia moderna. La endobiogenia permite desembocar en una estrategia terapéutica verdaderamente integrativa que no se limita a una simple yuxtaposición de métodos de curación sino que propone – con respecto a sus criterios y a la reflexión médicos – una selección jerarquizada y justificada de los medios de tratamiento.

Así, la verdadera integración no consiste en yuxtaponer en la colección terapéutica diversos abordajes tanto “naturales” como “complementarios” sean: medicina china, medicina ayurvédica, acupuntura, homeopatía, etc… incluso concepciones diferentes del ser vivo o diversas filosofías que salen del cuadro estrictamente médico y científico.

En efecto, estamos aquí en presencia de amalgamas lamentables, fuente de importantes confusiones mezcladas sin discernimiento :

  • de medios terapéuticos diferentes pero pudiendo ser complementarios, tanto dentro de su comprensión como de sus modalidades de utilización : complementariedad no es integración,
  • de conceptos filosóficos particulares de abordaje del ser vivo, donde el ámbito de la reflexión se sitúa a nivel de las creencias y decisiones personales, que no pueden legítimamente ser aplicadas directamente en un cuadro de terapéutica médica, la cual debe responder a criterios estrictamente científicos de utilización.

Tales amalgamas pueden generar en el individuo al que las prácticas propuestas son aplicadas – sin la prudencia indispensable en su instauración – graves consecuencias, tanto a nivel médico y fisiológico, como espiritual (algunas “sectas” fanáticas).

La verdadera integración no es la reducción del individuo a su relación al mundo: modo de vida, agresores emocionales, factores ambientales, perturbadores endocrinos diversos. Ciertamente estos elementos deben ser considerados y siempre tomados en cuenta, no como causalidad primaria de la patología en curso, sino como factores que solicitan los procesos de adaptación del organismo, desencadenando o favoreciendo las posibles disfunciones de los sistemas reguladores.

La verdadera integración no consiste ya en considerar como integrativo el solo hecho de introducir en el abordaje médico el componente llamado psicológico del individuo ya que este componente pertenece de manera natural al conjunto de la realidad fisiológica general y revela los mismos mecanismos de regulación.

Una metodología nueva se impone.

Nuestro abordaje particular – la endobiogenia – parte de la idea de que la finalidad primaria de todo sistema viviente, y del organismo humano en particular, es mantenerse en un estado de equilibrio harmonioso (salud) y de hacer todo por conservarlo. Esto es posible gracias a sistemas específicos (sistema neuroendócrino) movilizados por las diferentes necesidades adaptativas a las que todo individuo está confrontado permanentemente. La desadaptación de la respuesta fisiológica frente a las necesidades metabólicas generadas por estas exigencias – tanto en las relaciones respectivas de sus diferentes elementos reguladores, como en la cronología de la instauración de sus respuestas – está entonces en el origen de la instalación de un estado de desequilibrio precrítico, y después crítico. La enfermedad no es entonces más que la expresión final de estos desequilibrios inductores.

En consecuencia, el verdadero tratamiento etiológico será aquel capaz de corregir la anomalías responsables de esta respuesta desadaptada, aquel que ayude y sostenga al organismo en sus esfuerzos por conservar o reencontrar un estado de equilibrio fisiológico coherente. El tratamiento se situará en el punto de inflexión donde las disfunciones de los sistemas reguladores neuroendócrinos ya no permiten un regreso al estado de equilibrio inicial sino que lo encausan a la fisiopatología, y luego a la enfermedad.

El abordaje integrativo en medicina



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